Disfruto centrando mi atención en el cuerpo porqué tiene un final. Es únicamente en el cuerpo donde encuentro un espacio cerrado. Hermético.
No hay nada más, más allá del cuerpo.
Es la misma sensación de tranquilidad que tenía cuando en el bachillerato estudiaba latín o sintaxis. Todo lo que había era aquello y no había nada más. El significado era cerrado. Tenía un final. El complemento directo era lo que respondía al qué.
Ahora sólo puedo encontrar este sentimiento en el cuerpo. Porqué ya no me tranquiliza estudiar sistemas cerrados. Necesito sentirlos.
Y sólo puedo sentirlos en el cuerpo. Para bailar o moverme, sólo necesito el cuerpo, y es el cuerpo y nada más allá del cuerpo lo que tengo que trabajar.
Me gusta que sea concreto. Que tenga unos músculos y unos huesos que de vez en cuando se lesionan. Me gusta que este cuerpo dependa de mi fuerza, que el hecho de aguantar mi peso sobre mis brazos dependa exclusivamente de mí.
Que sólo dependa de lo que yo soy. De la única realidad tangible que soy.
Y ya está.
Y me refugio en esto. En este sentir. Es en lo único en lo que puedo creer.
Me gusta sentir que mis piernas ya no aguantan más y demostrarme y demostrar a alguien, que nunca se quién es, que sólo depende de mi que aguanten un poco más. Porque -como había oído ya decir- “nadie sabe de lo que es capaz un cuerpo…”
Tenían razón.
Creo que en un pasado fui inconsciente de mi cuerpo. Aunque él se me expresaba y yo me expresaba a través de él, sin saberlo. Pero no lo reconocía. Porque lo ignoraba de alguna manera. Aun así, nunca lo desprecié. Ese no es mi estilo.
La ignorancia radicaba en que no era consciente de que era exclusivamente él quien me hacía sentir. Existir.
De aquí entiendo la hipocondría. Ese miedo a sufrir. Y a la vez esa emoción, la emoción de sentir fuerte, aunque sea dolor. Sentir que estoy viva y que la posibilidad de morir sigue allí, dando energía.
La capacidad sensorial es inimaginable. Y lo que puede aportar a nuestra existencia también. La capacidad de ampliación de nuestra percepción. Estuve mucho tiempo dando un exclusivo protagonismo a las ideas, tan distantes e huidizas. Colgadas de un poste carcomido por el paso, no del tiempo, sino de otras ideas.
Mientras que lo que quería absorber estaba justo ahí. Aquí. Y todo lo demás era un segundo plano. Un interesante segundo plano, pero sin sentido. Perdón: sin sentir.
Imagens: Laurent BenaimVia Identidades Híbridas


